martes, 25 de abril de 2017

25 de abril de 1898: La gloriosa 'Acción de Cárdenas' desata la guerra en Cuba











Se cumplen hoy 117 años del inicio de la Guerra Hispanoamericana con el aniversario  de la acción naval de Cárdenas, en aguas cubanas, o cómo un puñado de españoles, con un bote a vapor y un cañoncito, son capaces de liquidar al Goliath estadounidense disfrazado de torpedero... Honra y memoria a esos héroes que cumplieron su deber más allá de lo exigido sin haber sido provistos por su país de los medios necesarios para ello...

25 de abril de 1898: Los Estados Unidos de América declaran la guerra a España sin más causa ni razón que la de apropiarse de los prósperos restos del imperio español, y ese mismo día va a tener lugar la primera acción armada oficial entre ambas naciones, aunque hace semanas que los estadounidenses bloquean navalmente las Antillas españolas y ejecutan todo tipo de acciones contra nuestro tráfico naval en aguas atlánticas y caribeñas, en la más pura tradición de la piratería...

En tan angustiosas horas para las posesiones españolas de Ultramar, tendrá lugar el enfrentamiento que ha pasado a la historia como la "Acción de Cárdenas", el primero de los dos desequilbrados combates navales que tuvieron lugar en el puerto de San Juan de Dios de Cárdenas, provincia de Matanzas, entre fuerzas ligeras españolas y un bastante más poderoso escuadrón naval estadounidense.

Combates que, contra todo pronóstico, se saldaron con sendas derrotas para los engreídos y confiados yankees, quienes pagaron cara su soberbia ante la evidente superioridad de medios de los que hacían gala. Ese 25 de abril, la lancha cañonera de tercera clase 'Ligera' (Foto 1), al mando del segundo teniente de navío Antonio Pérez Rendón y Sánchez (Foto 2), un gaditano de Medina-Sidonia, cuna de grandes marinos, y ya veterano en la guerra naval contra los insurgentes cubanos, plantó cara en la bocana del puerto a un torpedero estadounidense (no queda claro si el 'Foote' (Foto 5), al mando del teniente William Ledyard Rodgers, o su gemelo el 'Cushing' (Foto 6), porque las fuentes de la US Navy nada recogen del enfrentamiento dado su vergonzante final para ellos).


El torpedero disparó unas 70 veces con sus tres cañones Maxim de una libra (37 mm) (Foto 3) sobre el barco español, de los cuales sólo uno acertó y sin graves consecuencias a causa de la precipitación y nula puntería de sus artilleros, siendo la única 'baja española' una pobre mula alcanzada en tierra.

La 'Ligera' respondió al fuego enemigo con 10 disparos de sus dos armas, un cañón de tiro rápido Nordenfelt de 42 mm (Foto 4) en el castillo, a proa, y un automático Maxim de 37 mm en la toldilla, idéntico a los tres de su poderoso adversario, que contaba también como armamento principal con tres torpedos de 18 pulgadas (457 mm) (Foto 7).

El buque estadounidense no tuvo más remedio que retirarse, tras ver perforado su casco, y encajar un impacto que le destrozo una de sus dos calderas gemelas Thornycroft, y le obligo a poner la proa a mar abierto, fuera de combate y con fuerte escora a estribor.

Gracias a la pericia y el valor de su tripulación, cuya proeza sería conocida y honrada durante generaciones en cualquier país distinto al nuestro, la pequeña lancha de apenas 43 toneladas y 10 nudos de velocidad con 23 españoles a bordo, puso en fuga al poderoso torpedero de 142 toneladas y 25 nudos de velocidad...

Por tamaña hazaña, el comandante español recibió la Cruz Naval de María Cristina. Posteriormente, las aguas de Cárdenas fueron escenario de un combate muy similar pero con un mayor número de unidades por ambas partes. En esta ocasión, el ridículo estadounidense fue aún mayor, pero los yankees justificaron su penosa actuación arguyendo que los españoles habían emplazado baterías de costa ocultas, que con sus certeros disparos habían decantado la victoria hacia el bando español. Nada más lejos de la realidad; ya hubieran querido los españoles disponer de esos cañones ocultos, que habrían transformado en debacle la derrota de la US Navy.

La guerra con los Estados Unidos había comenzado ese 25 de abril bajo los mejores auspicios para las armas españolas, pero las contiendan se deciden no por sus inicios sino por sus desenlaces, y una pavorosa derrota aguardaba a España a la conclusión de las hostilidades....

No me queda más que agradecer el gran detalle del Museo Naval de Cartagena por recordar a un pueblo amnésico el valor y la altura demostrada por nuestros compatriotas en las horas más oscuras...

Estos tipos, del primero al último, serían leyenda en un país como al que plantaron cara... 

Aquí, un enlace estupendo, con los datos de las embarcaciones implicadas en el desigual combate ... http://www.elgrancapitan.org/portal/index.php/articulos/historia-militar/1702-las-otras-acciones-navales-de-la-guerra-hispanoamericana-1898-accion-de-cardenas

lunes, 24 de abril de 2017

El insoportable picotazo de los punkies






Aunque parezca mentira, los 'punkies' existieron cientos de años antes del alumbramiento del movimiento Punk a finales de los años sesenta del pasado siglo... Los primeros 'punkies' en legua inglesa fueron esos pequeños e insaciables vampiros alados, parientes de moscas y mosquitos, pertenecientes a la gran familia de los ceratopogónidos, conocidos en lengua española como purrujas, beatillas, chaquistles o 'chinches chupadoras'.

Habituales de las zonas húmedas o semihúmedas de América, donde están presentes en molestos enjambres, los indios Munsee les llamaban ponkwas, y comparaban su picadura a la quemadura de una brasa encendida. Los Munsee eran parte de la confederación de los Leni Lenape (llamados Delaware por los ingleses, una corrupción lingüística del título nobiliario de quien fuera gobernador de la colonia inglesa de Virginia a mediados del siglo XVI, Thomas West, tercer Barón de la Warr -del normando "de la Guerre"), habitantes originarios de ese gran área que cubre buena parte de Nueva Inglaterra, también Nueva York, la antigua Nueva Amsterdam (foto 2).

La palabra ponkwas es un derivado del término lenape 'ponk' (polvo, ceniza), a la que se le une al final el diminutivo 'was/wes'.

Inspirado en el término indígena, los holandeses llamaron a estos molestos insectos picadores con el nombre de 'punkje', añadiendo su tradicional diminutivo 'je' al final de la palabra india ponk, y que los nuevos ocupantes ingleses a partir de 1664 lo adaptaron a su habla como 'punkies'...

Curiosamente, o no, la palabra 'punk' deriva de otra palabra en lengua algonquian, 'pungk', con la que se denominaba a la madera podrida del bosque que se usaba como yesca... de ahí su identificación con cualquier material de ínfimo valor, y que con el paso del tiempo acabó extrapolándose en la cultura anglosajona a vagos, chaperos, putas y presidiarios... de ahí a su identificación con la transgresión rockera, social y cultural sólo había un paso... Lo curioso es que los 'Punkies' adoptaran como su peinado distintivo uno que recordaba mucho a los tocados de cola de ciervo con los que los indios del Nordeste, entre ellos los Leni Lenape, cubrían sus rapados cráneos, de los que sólo colgaba un mechón de pelo...

Los indios del Nordeste de Norteamerica empleaban un término genérico en lengua algonquian, sawgimay, en el que englobaban todas las especies de insectos alados que picaban, que, como se puede uno imaginar, eran muy abundantes en la zona de los Grandes Lagos

Una leyenda asegura que Manitú creó al 'sawgimay' o mosquito cuando todos los hombres de la tierra se casaron con todas las mujeres y entonces todos se negaron a trabajar para vivir en una 'permanente luna de miel' o perpetua coyunda... El molesto insecto, llegaba para recordarles con su picadura que había que recolectar el arroz salvaje y dejarse aparcado a un lado el 'dolce far niente sexual'...

Otra de los indios Tinglit de la Costa Noroeste, en el Canadá, es aún mejor. Cuenta como había un ogro gigante que aterrorizaba y devoraba a los nativos de la zona, con especial preferencia por sus corazones. Desesperados, vino en su rescate un joven y valiente guerrero que se ocultó en la cueva del coloso y aprovechó su ventaja para asestar un golpe mortal al gigante. 

Mientras agonizaba, el  prometió que volvería de la muerte para seguir comiéndoselos. En un intento de evitarlo, el joven guerrero troceó el cadáver del gigante muerto y prendió fuego a los distintos fragmentos. que quedaron reducidos a cenizas. En eso, se levantó el viento y formó una nube con los restos de la hoguera, convirtiéndose cada fragmento de ceniza en un sediento mosquito. Entonces, se escuchó entre las nubes la voz del gigante, quien recordó a los apesadumbrados indígenas su promesa con una tétrica profecía "os comeré hasta el fin de los tiempos". Y qué razón tuvo, el muy terrible...

Y seamos también algo condescendientes con las purrujas, que bien es cierto que pican de manera insoportable y en legión, pero algunas de sus especies son imprescindibles para la polinización del cacao, con lo que, al menos justifican su dañina existencia siendo fundamentales para que podamos disfrutar del chocolate...


viernes, 21 de abril de 2017

¡Feliz cumpleaños, Roma; Ciudad Eterna!








Hoy hace 2.770 años que Rómulo, nacido junto con su hermano gemelo Remo del vientre de Rea Silva, a su vez hija del rey latino de Alba Longa, trazó sobre una colina de unos 40 metros de altura junto al río Tíber, entonces coronada de árboles y arbustos, los límites de lo que habría de ser su hogar, un conjunto de cabañas con estructura de madera, paredes de mimbre trenzado recubierto de barro y techumbre de paja, protegidas cada una con un pequeño murete alrededor de cada vivienda... el conjunto se completaba con algunos silos y pozos. Esta primera colina poblada de las siete que había en el lugar, recibiría el nombre de Palatino, por albergar el primer 'palacio' de la ciudad que habría de nacer de la posterior unión de los asentamientos de las siete colinas vecinas entre sí.

Rómulo habría elegido esa colina precisamente y no el resto porque, según la leyenda, a sus pies se encontraba la cueva donde él y su hermano habrían sidos amamantados por la loba Luperca tras ser arrojados en una cesta al río por el sicario que debía matarlos y que no quiso manchar sus manos de sangre inocente -queda claro que Moisés y Blancanieves tienen más en común de lo que parece con esta fraternal pareja- , dado su origen bastardo (aunque en este caso su padre fuera el belicoso dios Marte) dado que su madre era una virgen vestal que habría renunciado a su vitalicio voto de castidad tras ser seducida por su divino amante.

Ambos niños fueron rescatados de los generosos y peludos pechos de Luperca por el matrimonio de porqueros Faustolo y Acca Larenzia, quienes, tras criar a los niños, les revelaron su noble origen una vez ya en edad adolescente. Posiblemente el episodio mitifique la entrega a la pareja de padres adoptivos de los críos por parte de alguna prostituta que viviera por los alrededores, ya que, en la tradición romana clásica, 'loba' era el término habitual con el que se nombraba a las profesionales del sexo. En su papel de nodriza de los gemelos, Luperca contó con la ayuda de un pájaro carpintero, al que la Historia, desagradecida, no suele recordar...

El hecho es que Rómulo, tal y como mandaban los cánones y establecían los estrictos ritos de la tradición, habría trazado los límites de su asentamiento con un arado tirado por una vaca y un toro blanco. Nacía así la primera 'urbe' como tal, ya que 'urvus' significa surco en lengua latina arcaica. Un límite que, aunque aún no tenía construido sobre sí una muralla que impidiera el paso, simbolizaba la prohibición de vulnerarlo bajo pena de muerte.

Parece que Remo, disconforme con el excesivo protagonismo que estaba adquiriendo su hermano o con los límites trazados, traspasó de manera desafiante el contorno recién labrado por la reja del arado y Rómulo lo despachó con su espada de bronce o de hierro... pues tal era el compromiso adquirido ante los dioses... nadie podía vulnerar ese perímetro sin quedar impune, y la muerte de Remo demostraba que no había distinciones por motivos de sangre ni de posición social...

Hasta ahí la leyenda... Y el inicio de una historia que aún perdura 28 siglos después...

jueves, 20 de abril de 2017

Drinkwater... o sea, bebe Cerveza Floja...


Uno de los futbolistas revelación del pasado año fue Danny Drinkwater, el exitoso centrocampista del modesto Leicester City, sorprendente campeón de la Premier League inglesa la pasada temporada. Un apellido que tiene un origen de lo más curioso y que se encuentra entre los más antiguos de Inglaterra, por haberse originado en plena época de esplendor sajona, allá por el siglo VI.
En la Edad Media, la llamada "cerveza floja", debido a su baja graduación, era la bebida universal entre las clases más pobres y tan barata como el agua, e incluso más sana que ésta, ya que el alcohol prevenía las habituales infecciones de pozos y manantiales, contaminados por las aguas fecales que se filtraban hasta los acuíferos desde los asentamientos humanos y ganaderos, lo que hacía de estas aguas una bebida dudosamente potable. 

La 'cerveza floja' o ligera (light ale) era además bastante más nutritiva que el agua, debido a sus azúcares de origen vegetal, y era también la bebida habitual del desayuno y la comida de los niños, con los efectos que uno se puede imaginar. Se calcula que una persona podía llegar a beber en tiempos medievales hasta seis litros de cerveza floja. Pan y cerveza floja eran los alimentos básicos de la población en ese período. 
Se cree que el apellido Drinkwater (en inglés antiguo, DricanWoetre) puede haberse originado como un apelativo irónico para ciertos posaderos que aguaban la cerveza normal o para algunos bebedores notorios que tragaban litros y litros de ésta como si fuera agua... o se ponían hasta arriba de la variante más floja. 

El apellido como tal se remonta a finales del siglo XIII en el que se instituyó el Poll Tax o impuesto de capitación. Un impuesto igual para todos los campesinos, que debían pagarlo por el mero hecho de ocupar una tierra, y que servía a la Corona y los señores para calcular cuánto dinero podían recaudar de cada territorio concreto.
Ya en 1274, consta como registrado un tal John Drinkewater entre quienes pagaron ese impuesto de origen romano, reinstaurado por las autoridades británicas a finales del siglo XIII. Las variaciones en la ortografía de este apellido incluyen también a los Drynkwater, Drynekewatter y Drinkewater.

¡SALUD!


miércoles, 12 de abril de 2017

La Nueva China que nunca pudo ser...




A mediados del siglo XVIII, en esa gran tierra de promisión que eran las colonias de la Norteamérica británica, y dado el gran éxito comercial y económico que suponía la seda en Europa en países como Italia, Francia o España, con Murcia como gran estandarte, a ciertos emprendedores ingleses se les ocurrió que por qué Gran Bretaña no podía sumarse a ese grupo de naciones productoras de seda en sus colonias, ya que el clima de la metrópoli, lo impedía. Se estima que en la década de 1730, Gran Bretaña gastaba cada año más de 500.000 libras esterlinas (equivalente a 2 millones de livres francesas) en la adquisición de seda procedente de Francia, Italia y China.

Además, la presencia de moras rojas en esa parte del Nuevo Mundo estimuló decisivamente el proyecto, aunque se consideró necesario plantar miles de moreras blancas, las mismas empleadas en la industria de la seda en Murcia, y que todavía decoran y embellecen a la capital del Segura con su verde follaje, como un tímido recuerdo de cuando eran la única plantación de su fértil huerta, como fuente de alimento de la lucrativa y apreciada producción sedera local.

Millones de semillas y miles de esquejes de morera blanca cruzaron el Atlántico rumbo a las colonias de Virginia, Connecticut, las Carolinas y, sobre todo, Georgia, colonia recién creada como una escisión de las anteriores en su zona despoblada al Sur, fundamentalmente para la producción de vino y de seda, y con la misión adicional de ejercer como un tapón militar de la frontera con los enemigos españoles y franceses, y con los indios de las poderosas confederaciones creek y cherokee que allí vivían...y cuyo poder se mantuvo hasta el tsunami que supuso para las naciones ndias, aliadas en su mayoría con los británicos que garantizaban su independencia y contener las fronteras de los asentamientos de colonos en la Proclamation Line de 1763, fue la independencia de las 13 colonias, de la que Georgia era la más joven.

Un lugar regido desde su fundación por los miembros, la mayoría poderosos aristócratas, de la Trustees for the Establishment of the Colony of Georgia in America (Corporación para el Establecimiento de la Colonia de Georgia en América) donde, en comparación con las grandes plantaciones de sus vecinos del Norte, predominaban los pequeños propietarios agrícolas a los que hasta 1750 no se les permitió poseer esclavos, a diferencia del resto de colonias, lo que sin duda, resentía en gran modo su productividad agrícola.

Tampoco estaba permitida la venta de alcohol, lo que, junto a los riesgos de morir de enfermedades tropicales, ser devorado por los abundantes caimanes que recorrían las calles de la capital Savannah o vivir a expensas de los ataques de españoles y franceses, y de sus aliados indios, hacía menos apetecible la instalación allí de colonos.

Las autoridades británicas limitaron las explotaciones agrarias a 50 acres por familia, y hasta 500 en el caso de tener un máximo de 10 siervos, personas en régimen de semiesclavitud temporal obligadas a servir durante años a su amo, bien como condena o a cambio de su pasaje al Nuevo Mundo, hasta quedar definitivamente libres años después una vez cumplido su compromiso.

En las colonias, nuevas leyes establecieron la obligación de los agricultores de plantar las moreras, multando a quienes se negaban a ello, dado que se consideraba un 'cultivo' muy apropiado para toda la familia, especialmente los ancianos, niños o impedidos que no podían ayudar en las labores del campo... En Georgia era una actividad subvencionada parcialmente por el Parlamento de Londres y el Gobernador de la colonia, después de que la Corona recuperase el control de la colonia en 1754, 21 años después de la llegada del primer colono británico y 22 desde que fuera creada por 21 inversores liderados por ese auténtico personaje de película y antiguo ayuda de campo del príncipe Eugenio de Saboya que fue James Oglethorpe.

El objetivo era fundar en América lo que los más optimistas llamaban la 'Nueva China', un proyecto al que sin duda afectó de manera decisiva el coexistir con el estallido de la Guerra de los Siete Años en un remoto paraje del Ohio en mayo de 1754, conflicto que pronto adquiriría dimensiones de conflicto mundial, combatiéndose desde Prusia a la India o Senegal pasando por La Habana...

'The Maryland Gazette' informó en su número del 22 de mayo de 1755 que había grandes esperanzas de obtener inmensas cantidades de seda en Georgia, y que las primeras producciones eran muy prometedoras...

Incluso la reina Carolina, la cuadriculada esposa alemana de Jorge II, soberano a quien la colonia rendía homenaje con su nombre, lució con orgullo en 1735, dos años antes de su prematura muerte, un traje de seda de Georgia con motivo de su cumpleaños, aunque las malas lenguas señalaban que, en realidad, apenas unas madejas con las que había sido elaborado procedían realmente de los producidos en la colonia.

A los pocos años de arrancar la incipiente industria de la seda norteamericana, quién sabe si debido a los avatares de la guerra recién iniciada contra franceses e indios que requirió de toda la atención y recursos de las colonias británicas durante los siguientes seis años, o debido a la impericia, la falta de experiencia y de conocimiento de los nuevos criadores, los gusanos de seda angloamericanos murieron de manera masiva, por millones, poniendo fin, de esta manera tan abrupta, y para siempre, al ambicioso sueño de la 'Nueva China'... Las moreras aún seguirían estando de moda como árboles ornamentales en los jardines de personalidades como Washington o Jefferson.

A partir de entonces, el maíz, el arroz y, en lo tocante a fibras textiles, tras el fiasco de la seda, el algodón, serían los sustitutos de los blancos gusanos como gran recurso económico de Georgia...que a finales de siglo comenzaría a emplear la mano de obra esclava.

La foto que abre el post es el sello con el que fue instituida la colonia de Georgia el 9 de junio de 1732, con un gusano de seda y un capullo sobre una hoja de morera y el lema 'Non sibi sed aliis' (No para sí mismos sino para otros), dejando claro que la seda que produjera Georgia sería exportada a la metrópoli y el resto de colonias...

martes, 11 de abril de 2017

La munición más peligrosa era la propia...










Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en agosto de 1914, la previsión del Ejército Francés de consumo de municiones por parte de su artillería era de unos 100.000 proyectiles de todos los calibres al mes.

Sin embargo, la terrible intensidad de los combates, desconocida hasta entonces, y la aparición de cañones de tiro rápido amortiguado, como el de 75 mm francés modelo 1897 (el legendario "Soixante-Quinze"), el mejor del mundo entonces, y capaz de disparar 15 obuses por minuto sin cambiar de posición, hizo que los consumos se disparasen hasta los 900.000 proyectiles de artillería al mes, lo que dejó vacíos los arsenales y polvorines, que la industria de guerra, con su ritmo habitual de producción, no podía reponer ni satisfacer de ningún modo...

Hasta el prestigioso joyero Fabergé se vio obligado a suspender la producción de sus famosos huevos articulados destinados a la familia del Zar para producir a toda prisa en sus talleres, donde trabajaban más de 600 personas, granadas de artillería para las tropas imperiales rusas...

La salvación para los aliados de la Entente llegó de la mano de la industria automovilística francesa, y de sus dos futuros gigantes, Renault y Citroën, aún entonces incipientes productores. Frente al tradicional método de fabricación de municiones, basado en el taladrado y torneado del metal, muy lento y que requería de personal especializado, y que hacía de cada proyectil casi una obra de artesanía, los empresarios automovilísticos ofrecían sus prensas de alta presión, que producían proyectiles como churros, aunque eso si, en dos partes que debían ser unidas posteriormente. Los fabricados por Renault eran llamados por ese motivo "bi-blocs" (Foto 6) entre los soldados, y esta división en dos partes hacían de estos proyectiles un producto propenso a los fallos (hasta un 30% dejaron de explotar en los bombardeos británicos durante la batalla del Somme) y, lo que es peor, muy propicios a reventar los cañones con los que eran disparados y, de paso, matar, mutilar o malherir a los seis miembros que integraban la dotación de cada uno de estos excelentes cañones.

Las autoridades francesas y británicas (cuyas tropas también empleaban el magnífico cañón galo, como también harían posteriormente los estadounidenses y otros aliados) eran bien conscientes de que este método de producción masiva era una especie de ruleta rusa para sus propios soldados, pero no hicieron nada por evitarlo: ganar la guerra era lo más importante, a toda costa...

Así, sólo en 1915, unos 600 cañones franceses saltaron por los aires, aniquilando a sus sirvientes...

Sólo a partir de 1916, cuando se mejoraron los procedimientos metalúrgicos y se ampliaron las instalaciones para la fabricación masiva de municiones, volvió a ser seguro disparar los cañones franceses, pero, por entonces, varios miles de valientes soldados aliados habían perdido la vida de manera tan cruel ante la fría indiferencia de su alto mando...


viernes, 7 de abril de 2017

Hombre come mosca. Mosca come hombre: El zumbido más delicioso































El Lago Mono, próximo al Parque Nacional de Yosemite en California y a la frontera con el vecino estado de Nevada, es uno de los espacios naturales más singulares y sorprendentes del mundo. Su formación, hace unos 760 000 años, como lugar de desembocadura de una cuenca endorreica, es decir, sin salida al mar, es la causa directa del alto nivel de sales que acumula, cerca de 280 millones de toneladas, en una proporción que casi duplica la salinidad de mares y océanos; y de la gran alcalinidad, con un 10 de PH, y de los altos niveles de arsénico que presentan sus aguas, del todo imbebibles y que no permiten la existencia de peces en el lago, pese a los reiterados intentos para su introducción

Estas características tan especiales han dado lugar a un ecosistema sin igual que depende básicamente de dos especies: un pequeño crustáceo endémico del género artemia, también llamada gamba de salmuera (foto 9), no mayor de una pulgada y de la que se calcula que existen entre 4 y 6.000 millones de individuos, y la mosca alcalina (Ephydra hians) (foto 3). Ambas especies se alimentan de un alga de tamaño microscópico, especialmente abundante a partir de marzo tras recibir el lago los ricos aportes salinos procedentes del deshielo primaveral, que hacen que sus aguas, cubiertas de una densa capa verde, se asemejen a un gran cuenco de sopa de guisantes.

Gambas y moscas proveen asimismo del alimento necesario para los dos millones de aves migratorias que anidan anualmente en el lago, aunque hubo un tiempo no tan lejano en que también el ser humano encontró su sustento en tan salobres aguas. Hoy en día, tanto la gambas salobres (enlatadas en conserva, foto 11) como sus huevos (foto 10) se venden en Europa y Norteamérica como alimento de mascotas acuáticas: peces, tortugas...

De todas las especies de aves acuáticas asociadas al Lago Mono, la más característica es el falaropo tricolor (foto 6), que habita allí en inmensas colonias (foto 7) y hace gala de una habilidad especial para capturar con sus finos y largos picos las tan sabrosas, nunca mejor dicho, moscas alcalinas, con la misma destreza con que el señor Miyagi atrapaba moscas con sus palillos en Karate Kid. También alberga importantes colonias de zampullín cuellinegro y gaviota de California (foto 8).

Las moscas alcalinas son excelentes buceadoras que se envuelven de una pequeña gota de oxígeno para realizar sus inmersiones, durante las cuales comen las algas del fondo del lago y realizan sus puestas de huevos en las aguas menos profundas junto a la orilla.

Las diferentes bandas de indios Paiute que habitaban en la región de la Gran Cuenca, a la que pertenece el Lago Mono y en la que nunca han sobrado los recursos naturales, se diferenciaban entre sí de acuerdo a su principal fuente de alimento allí donde vivían. Así, estaban los Comepeces, los Comebulbos, los Comejuncos, los Comeardillas de tierra, los Comeconejos y los Kutzedika’a o Comelarvas de mosca, que durante siglos tuvieron en las kutsavi, así llaman a las larvas y pupas de las moscas alcalinas del Lago Mono, su principal fuente de sustento,

En total, eran unos 200 el número aproximado de Kutzadika'a (foto 4) de todas las edades los que podían subsistir en la zona con lo que les proporcionaba el lago y las tierras adyacentes, ya que estos nativos, como el resto de los Paiute, no eran sedentarios, sino nómadas que se desplazaban durante todo el año por su territorio en busca de comida:

Su dieta también incluía los piñones que recolectaban en otoño de las sierras ubicadas al Norte y el Este del lago, de cuyos arroyos obtenían el agua para beber. Estos piñones, gordos, grasos y muy nutritivos, procedentes de las gordas piñas de los pinos sabina o grises (Pinus sabiniana) (foto 12) constituían su dieta principal en invierno. Terminada la recolección piñonera, comenzaba la temporada de caza de la liebre de California y el conejo de cola blanca, sus principales fuentes de carne, y también de piel para confeccionar sus vestimentas. Además, capturaban berrendos, cuyas manadas dirigían hacia cercas previamente preparadas. Tras pasar el invierno en los cálidos valles al Este del lago Mono, a finales de la primavera retornaban a sus orillas para la recolección de las kutsavi y cazar las aves que allí anidaban. Las gambas de salmuera del lago, dado su pequeño tamaño y alta salobridad, nunca formaron parte de su despensa.

Su dieta se completaba con las diversas bayas y tubérculos que recolectaban, y con las gruesas y jugosas piaghi o piugi, orugas y pupas de la polilla Pandora (Coloradia pandora) (fotos 13 y 14), que cada verano anidaban en gran número en los cercanos bosques de pinos de Jeffrey (Pinus jeffreyi), y que consumían de diversas combinaciones culinarias, tras ser tostadas al fuego, hasta que, a finales del siglo XIX, los mineros asentados en la zona, talaron los imponentes árboles para el uso de la madera en sus explotaciones, privando para siempre a los indios de tan esencial recurso.

La cosecha de las kutsavi, encomendada exclusivamente a las mujeres, era todo un espectáculo que tenía lugar entre los meses de agosto y septiembre. Las recolectoras, equipadas con grandes cestas de fibras tejidas en forma de pimiento del piquillo (foto 5), se adentraban hasta que el agua les llegaba a las rodillas por las orillas del lago, entonces cubiertas por millones de pupas y larvas mosquiles.

Densos enjambres de moscas alcalinas se levantaban a su paso, pero, a diferencia de lo que pueda pensarse, no se abalanzaban sobre quienes esquilmaban impunemente sus puestas, sino que limitaban a volar alrededor de las saqueadoras con un ensordecedor zumbido pero, sin hostilidad aparente, tal vez a consecuencia de la dieta exclusivamente vegetal con que se nutren estos insectos, incapaces de picar.

Una vez extraídas, las larvas y pupas se dejaban secar al sol, tras lo cual se frotaban para quitarles sus duras cáscaras. Según los viajeros que a finales del siglo XIX las probaron, su sabor, muy salado debido a las aguas del lago, recuerda mucho al de las anchoas. En el sistema de subsistencia de los indios de la zona, eran una fuente de proteínas muy apreciada que los Kutzadika'a intercambiaban con las tribus vecinas por otros alimentos, como las bellotas de roble.

Pero, si todo lo referido hasta ahora no fuera ya más que suficiente para incluir al Lago Mono entre los lugares más sugestivos y sorprendentes del planeta, la astrobióloga de la NASA Felisa Wolfe-Simon generó una gran conmoción entre la comunidad científica internacional con su descubrimiento en el fondo del lago una bacteria de las consideradas ‘extremófilas’, por el duro entorno en el que viven, (la sorprendente GFAJ-1a) (foto 15) cuya dieta es pobre en fósforo pero rica en arsénico.

Un descubrimiento de gran interés científico para los astrobiólogos de la Agencia Espacial estadounidense, por ser el primer organismo  conocido, se decía en el estudio, que incumple la condición de reunir los seis elementos considerados esenciales en todo ser vivo: carbono, oxígeno, hidrógeno, nitrógeno, azufre y fósforo, ya que, en lugar de este último, puede construir sus componentes celulares utilizando un elemento químico venenoso para el resto de seres vivos como es el arsénico.

La bacteria GFAJ-1a abría, así, una gran esperanza y nuevas opciones al descubrimiento de vida extraterrestre en el espacio con una composición diferente a la conocida en la Tierra. Y aún más si tenemos en cuenta que el Lago Mono guarda una gran semejanza con el Cráter Gusev del planeta Marte, donde el robot Spirit de la NASA aterrizó en 2004 y estuvo operando hasta 2010, aunque no encontró ningún organismo vivo… que sepamos…

Sin embargo, en 2012, dos estudios independientes negaron que esta bacteria pudiera subsistir sin fósforo como uno de los elementos esenciales en la composición de todo ser vivo, aunque sí que es cierto que su necesidad de este elemento químico se reduce al mínimo, hasta 4.500 veces menos.

Pero, tal vez, lo más curioso de esta glotonería de los seres humanos por el universo mosquil es que también se produce en sentido inverso, con moscas que se nutren asimismo de la carne de seres humanos vivos, y, contra lo que pudiera pensarse, con efectos muy benéficos para los devorados.

Es lo que se conoce como terapia larval (Maggot Therapy, en inglés, foto 17), una técnica sanitaria conocida desde la Prehistoria, fruto de la observación y la experiencia de nuestros antepasados, que ha sido aplicada desde tiempos inmemoriales y con excelentes resultados por culturas muy antiguas, como los aborígenes australianos o los mayas.

El insecto protagonista es, en este caso, la conocida y abundante mosca verde o Phaenicia sericata (foto 16) que solemos ver sobrevolando los contenedores de basura, inconfundible a causa de su color azul o verde metalizado, cuyas larvas vivas se aplican sobre los tejidos engangrenados o infectados mediante una técnica sanitaria conocida como ‘desbridamiento’, que consiste en la total eliminación de tejidos muertos que serían prácticamente imposible de extraer de forma manual sin retirar a la vez parte del tejido sano.

Aunque siempre se ha defendido que estas voraces larvas se limitan a engullir los tejidos necróticos, y no se interesan por el resto del paciente, hoy existen nuevos estudios que comienzan a poner en cuestión tan arraigada creencia.

Estos hambrientos microcirujanos se crían en laboratorio y son esterilizados –para evitar transmitir infecciones- antes de ser aplicados sobre la zona en vendajes cerrados pero con la suficiente ventilación para que puedan respirar mientras contribuyen a sanar las heridas y zonas amputadas gracias a su acción desinfectante, ya que las propias larvas expulsan durante su proceso digestivo antibióticos que les permiten vivir en ambientes con alto niveles bacterianos como los tejidos muertos o las heces de las que se alimentan:

También propician la cicatrización, al estimular las defensas del enfermo, y secretan unas sales que cambian el PH de las heridas, haciéndolo más neutro y menos alcalino. En el lado negativo, la incómoda sensación de percibir continuamente en la zona afectada los múltiples bocaditos que dicen sentir muchos de los pacientes. Una vez satifecho su apetito, son retiradas y reemplazadas por otras.

Antaño, ya fueron empleadas con esta función terapéutica en Occidente durante la Edad Moderna y, desde entonces, con mayor frecuencia en diversos conflictos más próximos en el tiempo, como la Guerra de Secesión Estadounidense o la Primera Guerra Mundial.

Si bien la introducción de la penicilina redujo mucho su utilización por parte de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez del cotizado antibiótico y de otros medicamentos hizo habitual su uso por parte de los británicos prisioneros de guerra de los japoneses, que obtenían las larvas de las letrinas, y también que los estadounidenses las empleasen con aquellos de sus cautivos japoneses que no tenían más solución que ésa para sanar de sus heridas.

Actualmente, esta técnica es empleada por centenares de médicos en hospitales de todo el mundo, contándose por decenas de miles los pacientes tratados en un año, lo que da una idea de su eficacia y pervivencia en el tiempo.

Pero no queda ahí la historia de las moscas devoradoras de carne humana viva. La Biblia nos ofrece un episodio, por todos recordado, en el Libro del Éxodo, que ha sido recreado en cualquiera de las versiones fílmicas de ‘Los Diez Mandamientos’, en la serie televisiva de la RAI italiana ‘Moisés’, con un excelente Burt Lancaster en el papel del gran profeta; como también en ‘El príncipe de Egipto’, magnífico filme de animación de los estudios Dreamworks, o la más reciente estrenada ‘Éxodus: dioses y reyes’, rodada recientemente por Ridley Scott en Almería y Fuerteventura, entre otras localizaciones.

Como es bien sabido, la de las moscas es la cuarta plaga de las diez con las que Dios sometió al pueblo de Egipto para que el faraón, muy probablemente Ramsés II, aunque los historiadores discrepan sobre su verdadera identidad, diese su brazo a torcer y dejase marchar de sus dominios al pueblo de Israel.

“Si no dejas ir a mi pueblo”, habría advertido Yahveh al faraón por boca de Moisés, de acuerdo con las Sagradas Escrituras, yo enviaré una nube de moscas sobre ti y sobre tus servidores, sobre tu pueblo y dentro de tus casas. Y las casas de los egipcios se llenarán de moscas, y asimismo la tierra donde ellos estén”.

Quedaba a salvo del gigantesco y voraz enjambre la Tierra de Gosén, lugar en el que habitaban la mayoría de israelíes, para así demostrar que Yahveh no sólo era superior en poder a la divinidad egipcia que controlaba las moscas y similares, sino también capaz de diferenciar a su pueblo del egipcio a la hora de aplicar éste y otros castigos. Eran, por así decirlo, plagas “a la carta” que nunca afectaban a los judíos.

Como nos relata la Biblia: “vino una densa nube de moscas sobre la casa del Faraón, sobre las casas de sus servidores, y sobre toda la tierra de Egipto. La tierra quedó devastada a causa de ellas”.

Paradójicamente respecto al concepto que tenemos hoy de ellas, asociadas a los excrementos, la basuras, las plagas o molestos picotazos, las moscas fueron un insecto muy venerado por los egipcios durante el Imperio Nuevo, entre los siglos XVI y XV a.C., constituyendo la principal distinción militar de aquel periodo unos pequeños colgantes de oro, plata (foto 20) o bronce envuelto en pan de oro (foto 19), en forma de mosca, ya que se admiraba de las moscas egipcias su tesón para picar sin descanso, incluso en enjambres, cualidades que representaban las virtudes de los guerreros, a ojos de los egipcios.

 Por tanto, este insecto hoy tan denostado equivalía para ellos a la gran medalla al valor con los que se premiaban no sólo hazañas en el campo de batalla, sino que también se entregaban como condecoración a todo aquel hombre o mujer que se hubiera significado contra los odiados invasores hicsos. De ahí que la poderosa Ahhotep, madre del faraón Amosis I, fundador de la XVIII Dinastía del Imperio Nuevo, conocida como la Reina Guerrera por cómo mantuvo su presión militar contra los hicsos durante los años que ocupó la regencia hasta que su joven hijo expulsó para siempre a los invasores asiáticos tras la toma de su capital, Avaris, luciera con todo merecimiento su collar de tres moscas de oro como símbolo de sus logros militares (foto 21). Otro elemento espectacular es el collar de cornalina en el que 22 moscas de oro se alternan con 23 cuentas que reproducen las cipselas o semillas del azulejo, pincel o aciano (Centaurea cyanus), una planta muy habitual en los campos de cereales y que era, a la vez, una dc las principales plantas medicinales de la Antigüedad, lo que ensalzaba su valor como símbolo de salud (foto 22).

A pesar de sus promesas iniciales, el Faraón se negó a dejar marchar a Moisés y su pueblo hasta recibir el azote de otras seis crueles plagas, la última de ellas –la muerte de todos los primogénitos egipcios de corta edad- tan terrible en efecto y forma que consiguió doblegar la hasta entonces férrea oposición del hijo de Ra.

Todo ello nos lo contó magistralmente Cecil B. DeMille y por partida doble: la primera vez, en 1923, en un filme carente de sonido, y la segunda, en 1956, en sus despedida como director, con grandes alardes visuales para el año en que se rodó la película y un memorable duelo interpretativo entre quienes, hasta entonces, se habían querido en la ficción como hermanos, unos espléndidos Charlton Heston/Moisés, y Yul Brynner/Ramsés (foto 18).

A modo de curiosidad, la segunda plaga, la de las ranas, no aparece en el filme por no encontrarse entonces una forma de rodarla que no resultase algo cómico para el público y contrario a su propósito.

Y finalmente, habrá que hablar también de las huevas comestibles de otro insecto americano que, a pesar de su nombre, no tienen que ver con las verdaderas moscas: el ahuautli ('bolitas de agua' en lengua náhuatl) también conocido por su nombre españolizado de ahuautle y como 'mosco' o 'mosco para pájaros' Un producto selecto considerado por los más cursis y snobs como "el caviar azteca" (foto 25), ya que hace más de 500 años era uno de los manjares que ofrendaban al emperador Moctezuma II, quien solía desayunarlo bien fresco y recién cosechado en el lago de Texcoco, y de su hermano, el aguerrido Cuitláhuac.

Este huevo del 'mosco', una denominación genérica para una familia de seis especies de chinches acuáticas o hemíptera diferentes muy abundantes en los lagos del Valle de México, agrupadas bajo el nombre de axayácatl (literalmente, en náhuatl, "el rostro o la faz del agua", que era también el del emperador padre de Moctezuma II) con el que los aztecas llamaban a estos insectos (fotos 23 y 24), que solían pescar con finas redes y comer tostados, asados o a la brasa, mientras que las huevas se consumían en tortillas, tamales y, en ocasiones, mixiotes.

Poseen un sabor más fuerte que el polvo de camarón, al que sustituyen como condimento en algunos platillos típicos como el revoltijo o los romeritos (foto 26, un arbusto local comestible muy similar al romero que se consume como verdura hervida y salteada). De hecho, su consumo es mayor en la época de Cuaresma (costumbre adoptada de los españoles durante la conquista, que comían los huevos de chinche acuática en los periodos de abstinencia carnívora) y en Nochebuena. Además, se pueden preparar también, como en tiempos de los aztecas, en forma de tamales o de mixiotes, o en los citados revoltijos de romeritos, en salsa verde con flor de calabaza o con nopales.

Estos huevos del mosco siguen siendo exportados a países como Alemania y Gran Bretaña, donde son muy populares como alimento para mascotas: aves, peces, tortugas, etc...

Los moscos suelen recolectarse en el Lago de Texcoco, donde cada vez se obtienen menos por la pérdida de superficie lacustre debido al crecimiento de las zonas desecadas y la contaminación, aunque también se extraen de otros lagos, como los de Pátzcuaro y Guanajuato,

En la Ciudad de México aún se puede encontrar en mercados como La Merced y San Juan de Letrán.

Buena parte de estos 'moscos' se cosechan en cultivos creados por la mano del hombre o 'hueveras', para lo que se coloca un atado de zacate (hierbas verdes) o de ramas secas, hojas de mazorcas o tules en las orillas del lago, tocando el agua y fijado a una estaca para que no se las lleve el viento. Ahí se mantienen por 15 o 20 días, periodo en que las chinches depositan en una especie de telarañas de seda miles de huevecillos, cuyo tamaño no rebasa el milímetro de diámetro. Sin permitir que se moje, se retira el ramaje o el atado de zacate, se quita cuidadosamente la huevera y se limpian y orean los huevos, que no suelen consumirse crudos, sino generalmenre tostados, y que en muchas ocasiones son molidos en forma de una fina harina con muchas aplicaciones gastronómicas...

En sus crónicas. los conquistadores españoles relataron que este singular alimento también era ofrecido como ofrenda al dios Xiuhtecutli (literalmente, "el señor de las hierbas") la divinidad azteca del calor y el fuego, en cuyo nombre se celebraban muchos de los sacrificios humanos que tanto espantaban a los españoles. No deja de ser lógico, ya que "Xihuitl" significa "atado de hierbas o ramas verdes", el mismo método que se emplea para recolectar los huevos de ahuautle.


ESTUPENDAS SUGERENCIAS PARA UN VIERNES DE DOLORES DE AYUNO Y ABSTINENCIA... 

martes, 4 de abril de 2017

¡Feliz 4 de Abril, el Día Yamamoto!









Hace 133 años nació en Nagaoka, prefectura de Niigata, uno de los personajes más fascinantes del siglo XX, Isoroku Yamamoto, almirante de la Rengo Kantai/Flota Combinada del Imperio Japonés, cuya vida está repleta de hechos sorprendentes. Una de las mentes más preclaras de toda Asia en el pasado siglo y un gran patriota que abogaba por el entendimiento con quien habría de ser su gran enemigo y al que tan bien conocía, al que, desde su puesto como Rengō Kantai Shirei Chōkan (Almirante de la Flota Combinada), combatió sin escatimar esfuerzo, talento y determinación por cumplir con sus deberes de militar y de obediencia al Emperador.
En realidad, Yamamoto era hijo de Sadakichi Takano, un descendiente de samuráis de bajo rango, convertido en un burgués que se ganaba la vida como profesor y que contaba con 56 años al nacer su sexto hijo, al que precisamente bautizó con el nombre de Isoroku, que en japonés significa “cincuenta y seis”, dado su orgullo de haber podido ser padre a una edad tan avanzada para la época. 
El joven guardamarina Takano pronto destacó en la Academia Naval de Hiroshima, en la que ingresó con 16 años, por sus virtudes militares y gran carisma social, siendo muy aficionado al juego, las chicas, el deporte y la buena comida. A los 21 años, sirviendo como alférez en el crucero Nisshin, perdió dos dedos de la mano izquierda por metralla en la legendaria victoria naval de Tsushima contra la Flota Rusa del Báltico, en las postrimerías de la Guerra Ruso-Japonesa. Apenas un año después falleció su padre, a los 78 años. 
El prometedor oficial fue adoptado honoríficamente por la familia Yamamoto, uno de los linajes de samuráis más influyentes y prestigiosos de la historia del Japón; un formidable ascenso social que Isoroku agradeció toda la vida luciendo su nuevo apellido con orgullo. 
De 1919 a 1921 estudió en la Universidad de Harvard, donde aprendió a hablar inglés fluídamente y en tierras estadounidenses asistió fascinado al nacimiento de una novedosa arma naval, llamada a decidir las guerras del futuro: el portaaviones. A su regreso al Japón, propuso a la Marina Imperial Japonesa dotarse de portaaviones y de una poderosa aviación embarcada argumentando que “la nave más importante del próximo futuro será una nave capaz de llevar aeroplanos”, proyecto que se puso en marcha con él como director de la primera escuela de pilotos embarcados.
En 1925, Yamamoto fue nombrado agregado naval en la embajada de Washington, donde realizó una excelente labor diplomática, codeándose con las más altas personalidades de la Armada Estadounidense con quienes jugaba a menudo al póker o al bridge, y de los que recababa, de manera aparentemente tan inocua, mucha información y experiencia. Frente a uso táctico que las marinas inglesa, estadounidense y francesa daban a sus portaaviones como meros buques de apoyo a tierra y a la flota, Yamamoto fue el primero en asignar a estos buques un valor estratégico como vectores de ataque de la flota, relegando a un segundo plano a los hasta entonces reyes absolutos del combate naval, los acorazados. 
Su visión fue tan revolucionaria como las tácticas navales de Horatio Nelson o las desarrolladas por los alemanes con el uso de los tanques en la Blitzkrieg o Guerra Relámpago. Contrario a la intervención japonesa en Manchuria y China, y al alineamiento de Japón con Italia y Alemania en el Eje, éra radicalmente opuesto a la guerra con Estados Unidos que se avistaba en el horizonte, consciente del poderío industrial norteamericano y su abundancia de materías primas de todo tipo de las que carecía el Japón. 
A pesar de todo, y por lealtad a su país, aceptó el puesto al frente de la maravillosa Rengo Kantai, la Flota Combinada, entonces la mejor adiestrada y equipada del mundo, aunque muy inferior en número de efectivos a las armadas británica y estadounidense.
Su frase más legendaria, por profética, se hizo realidad: ""Durante los primeros seis o doce meses de guerra contra los Estados Unidos y Gran Bretaña, causaré estragos en todos sus flancos y conquistaré una victoria tras otra. Después...no tengo esperanzas de ganar". 
Inspirado en el raid inglés sobre Tarento, que amparado en la sorpresa dejó fuera de combate a lo más granado de la Regia Marina italiana gracias a un puñado de obsoletos y lentos aviones torpederos Swordfish lanzados desde portaaviones, planificó en menos de dos meses el brillantemente ejecutado ataque a Pearl Harbor en el 7 de diciembre de 1941, tras el que exclamó con cierta amargura: “Me temo que hemos despertado a un gigante dormido y lo hemos llenado de resolución”. 
A partir de entonces, al enemigo tradicional se sumó uno nuevo: la descodificación por parte estadounidense de las comunicaciones japonesas, a lo que se sumó también un gran uso del radar en los buques de la US Navy y una buena dosis de fortuna, siempre tan necesaria en la guerra. Todo ello marcó el devenir de los acontecimientos bélicos en el Pacífico en operaciones tan decisivas como Mar del Coral, Midway, Guadalcanal.... 
Esa total disposición de las comunicaciones japonesas por parte de la inteligencia estadounidense -de la que ni siquiera sospechaban en el bando nipón- le costaría la vida al almirante, convertido por la propaganda de guerra en el 'Enemigo Público Número Uno' del pueblo americano, que lo consideraba desleal tras el buen trato que siempre había recibido durante sus prolongadas estancias en tierras norteamericanas.
Por eso chirría tanto el retrato con pinta de maligno Fu-Manchú, que le dedicó en su portada del lunes 22 de diciembre de 1941, apenas dos semanas después del ataque a Pearl Harbor, la revista 'Time' (Foto 3) para ridiculizarle y hacerle parecer un ogro comeniños que nada ha de envidiar al peor Shreck (palabra alemana que significa "terror")... "Suya fue la audaz ejecución de una traición brillante"...  apuntaba la hasta entonces prestigiosa publicación semanal. Una de las primeras campañas de propaganda bélica emprendida por Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial... Cuando hay muertos de por medio, parece que todo vale, incluso para los líderes de la democracia más poderosa del mundo...
El propio presidente Franklin Delano Roosevelt dio personalmente la orden de matarlo, cuando se supo, tras descifrar una despreocupada transmisión de radio, que el almirante iba a realizar una inspección en las bases aéreas de la Armada Imperial en las Islas Salomón y se obtuvo el plan de ruta, sabedores de que Yamamoto siempre cumplia con puntualidad sus itinerarios. 
Bajo el nombre de 'Operación Venganza', el 18 de Abril de 1943 (fecha elegida con mucha intención, al cumplirse el primer aniversario del famoso ataque de Jimmy Doolitle a Tokio) se enviaron 18 (aunque dos tuvieron que volverse por problemas técnicos) poderosos P-38 Lightning del Grupo de Caza 339 a emboscar al bombardero Mitusbishi G4M 'Betty' en el que viajaba Yamamoto (acompañado por otro bombardero del mismo tipo que servía como señuelo para confundir a posibles atacantes) y a los seis cazas Mitsubishi A6M3 Zero de las escolta. Hay informaciones que afirman que el avión del Almirante había sido desprovisto de la mayoría de su armamento defensivo (4 ametralladoras ligeras de 7,7 mm) para ganar velocidad, conservando sólo su letal cañón de cola de 20 mm, a todas luces insuficiente para hacer frente a un ataque masivo de aviones más veloces y también equipados con un cañón de 20 mm en el morro, además de otras cuatro ametralladoras pesadas del calibre 0.50 (12,7 mm). 
Tras una cordial visita a una escuadrilla de pilotos en la Isla de Rabaul (su última imagen con vida, la foto 2, pertenece a ese momento) , la comitiva aérea de Yamamoto fue interceptada en su vuelo rumbo a la isla de Ballae. Mientras los Zero luchaban desesperadamente contra un enemigo que casi les triplicaba en número y aunque uno de los P-38 fue derribado por los heroicos y veteranos pilotos nipones de caza (los seis sobrevivieron a tan desigual combate), fueron abatidos ambos bombarderos, por no saberse en cual de los dos viajaba Yamamoto y asegurar así el blanco. Murieron 19 de los 21 tripulantes y viajeros que transportaban entre ambos. Gracias a que su avión se estrelló en el mar, uno de los supervivientes fue el vicealmirante Matome Ugaki, quien había insistido en que, a pesar de los evidentes riesgos, había que llevar a cabo la visita para subir la moral a los pilotos y marinos de la Armada...resultando al final todo lo contrario a su malhadada predicción,,, 
El avión del almirante fue alcanzado por el caza del teniente Rex Barber sobre la jungla de Ballae, aunque también se atribuyó el derribo su superior, el capitán Thomas G. Lanphier Jr, con el que mantuvo una agria polémica el resto de sus vida que llegó hasta los más altos tribunales y terminó con la amistad que hasta entonces les unía (las autoridades militares tomaron ejemplo del Rey Salomón, otorgando medio derribo a cada uno).
Los seis pilotos de Zero de la escolta, la élite de la aviación de caza de la armada nipona, pudieron retornar todos sanos y salvos tras el desigual combate, mientras que los estadounidenses sufrieron la pérdida del piloto de caza Rymond Hine, cuyo avión resultó tocado en un motor durante su enfrentamiento con el gran as Shoichi Sugita, al mando de la escolta, y posteriormente también alcanzado por Kenji Yanagiya, otro de los excepcionales pilotos que ese día intentaron proteger al Almirante. Hine se retiró del combate con un motor dejando una estela de vapor y nunca más se supo de él, siendo oficialmente declarado desparecido en combate. 
Estos últimos momentos del avión del Almirante están perfectamente reflejados en dos obras gráficas excepcionales: 'Emboscada a Yamamoto' de Ron Cole (Foto 6) y 'Misión cumplida' de Roy Grinell (Foto 7) donde el caza de Barber, apodado 'Miss Virginia', es el que da el golpe de gracia al avión del Almirante, que en ambas ocasiones sí que aparece armado con sus  ametralladoras ligeras, tal vez para no dar la imagen de lo que realmente fue la 'Operación Venganza', el derribo a sangre fría de dos aviones prácticamente desarmados...
Yamamoto, vestido con su uniforme de gala, y justo dos semanas después de celebrar su 59 cumpleaños, murió con sus guantes blancos y la katana bien sujeta en sus manos, a causa de una bala del calibre 0.50 alojada en su pecho y de otra que le atravesó la mandíbula y salió sobre el ojo derecho, que le dejaron muy malherido, antes del posterior impacto del avión contra los árboles, que lo hizo salir despedido de la cabina. 
Hasta un día después no pudo ser recuperado su cadáver, debido a lo denso de la jungla donde se estrelló el avión. Todavía hoy, sus restos son una atracción visitable para cuya contemplación hay que pagar entrada, y de la que está prohibido llevarse hasta un simple tornillo como recuerdo... 
...A pesar de su escaso 1,60 m de estatura, da buena prueba de su inmensa talla el hecho de que el gobierno japonés tardó más de un mes en hacer pública la noticia de su muerte. No fue hasta el 21 de mayo que admitió la pérdida de su guerrero más apreciado. Con él desaparecía no sólo la mejor baza japonesa desde el punto de vista militar sino también la gran esperanza de un pueblo indomable que había depositado en él, y en su divino Emperador, toda su fe en conseguir una paz honorable o una -tan milagrosa como inalcanzable- victoria para el Japón. 
Sus cenizas descansan junto a las de su padre biológico, Sadakichi Takano, en el Templo Chuko-Ji de Nagaoka.
A modo de anécdota final, los cinco pilotos que alcanzaron con sus disparos a los dos bombarderos japoneses iban a ser condecorados con la Medalla de Honor del Congreso, y con la verdadera historia del raid a punto de trascender a la prensa, lo que hubiera revelado a los japoneses que su código secreto había sido descifrado, con lamentables efectos para los estadounidenses para el resto de lo que durasen las hostilidades. Para evitarlo, se restó importancia a la misión, dándole un carácter de encuentro casi casual, y no lo que realmente fue, una incursión perfectamente planificada y ejecutada, recibiendo los cinco pilotos de caza del Ejército la segunda condecoración en el escalafón de las que se conceden en tiempo de guerra, la Cruz Naval o de la Armada...
Isoroku Yamamoto... Una vida increíble, un hombre para la eternidad... ¡Feliz cumpleaños, Almirante...!